La política rosarina nos tiene acostumbrados a los espejismos, pero la reciente avanzada de Juan Monteverde para que la Provincia de Santa Fe absorba el financiamiento total de la salud pública local cruza la línea entre la audacia y el oportunismo fiscal. Bajo un barniz de justicia distributiva, el proyecto esconde una trampa técnica que Rosario no puede ignorar.
El mito de la autonomía “gratis”
Monteverde argumenta que, como Rosario sostiene su propio sistema, la Provincia le debe ese dinero. Lo que no dice es que la salud municipal representa casi el 25% del presupuesto total de la ciudad. Traspasar esa responsabilidad sin una reforma integral de la Ley de Coparticipación no es descentralizar, es desfinanciar la autonomía. Si la provincia paga, la provincia manda. ¿Está dispuesto Monteverde a entregar la soberanía sobre los centros de salud a la burocracia de la capital?
Inconsistencia técnica: El laberinto del gasto
Desde un análisis de finanzas públicas, la propuesta hace agua por varios frentes:
Los rosarinos ya aportan vía impuestos provinciales. El reclamo de Monteverde no propone una baja de tasas municipales proporcional al ahorro que tendría la ciudad, lo que se traduce en un cheque en blanco para que el municipio gaste en proyectos políticos lo que antes iba a gasas y medicamentos.
Unificar los sistemas implica nivelar hacia arriba salarios y condiciones laborales de miles de agentes. Sin una partida nacional extraordinaria, la Provincia de Santa Fe entraría en un déficit automático que afectaría la atención en el resto de los departamentos.
La conveniencia del calendario
Es curioso que este reclamo —histórico por parte de varios sectores— tome esta virulencia justo cuando el calendario electoral empieza a quemar. Monteverde busca capitalizar el malestar social por la crisis económica con una solución mágica; que lo pague otro.
Es la vieja receta del populismo de cabotaje: identificar un enemigo externo, la caja provincial, para tapar las ineficiencias propias en la gestión de los recursos locales. Rosario necesita un sistema integrado, sí, pero basado en la eficiencia prestacional, no en el traspaso de deudas para limpiar el balance municipal antes de las urnas.
La salud es un derecho, no una moneda de cambio para una gacetilla de prensa. El proyecto de Monteverde es técnicamente flojo y políticamente cínico. Santa Fe no puede ser el cajero automático de una dirigencia local que prefiere el grito tribunero a la ingeniería presupuestaria seria.