Hay una máxima en el manual de la vieja política: cuando los datos te abruman, atacá al mensajero; y cuando no podés atacar al mensajero porque el Gobierno es el que comunica con transparencia, inventá que hay presiones. La reciente puesta en escena de los sindicatos de prensa de Santa Fe y Rosario frente a los funcionarios de comunicación es un ejercicio de cinismo profesional que merece ser analizado.
Resulta curioso que sectores que guardaron un silencio sepulcral durante años de desidia, pauta arbitraria y desorden institucional, hoy descubran una supuesta crisis de libertad de expresión. No nos engañemos: lo que estos sectores llaman condicionamientos es, en realidad, el fin de los privilegios y del periodismo de sobremesa que vivía de las arcas públicas sin rendir cuentas a nadie.
La pauta no es un subsidio al militante
El reclamo por la discrecionalidad en la pauta oficial es el llanto de quienes confunden el dinero de los contribuyentes con un fondo de asistencia para amigos. El Gobierno de Pullaro ha sido claro: los recursos son escasos y se destinan a prioridades como seguridad y salud.
Utilizar la pauta publicitaria como una herramienta de extorsión para obtener buena prensa es una práctica del pasado que esta gestión ha decidido desterrar. Que algunos medios o periodistas sientan dificultades para acceder a la pauta no es censura; es austeridad y criterios de eficiencia. El Estado no tiene la obligación de financiar líneas editoriales que solo buscan el desgaste sistemático de las instituciones.
El fantasma de la censura
Hablan de levantamiento de notas y autocensura con una liviandad alarmante, pero no presentan una sola prueba judicial. En un mundo donde cualquier periodista puede publicar en redes sociales, blogs o medios alternativos en segundos, hablar de notas eliminadas es subestimar la inteligencia del ciudadano.
Lo que realmente les molesta es que el Gobierno provincial tiene una agenda de comunicación directa con la gente, sin intermediarios que deformen la realidad por intereses sectoriales. La supuesta fragmentación en la cobertura de conflictos sociales (como el caso docente mencionado) no es más que la pérdida de interés de la audiencia en relatos sesgados que ya no representan el sentir del santafesino de a pie, que apoya mayoritariamente el orden y el trabajo.
La Constitución como escudo de cartón
Intentar usar las palabras de la diputada Gisel Mahmud para generar una interna oficialista es, cuanto menos, infantil. La libertad de prensa está más garantizada que nunca. Lo que no está garantizado es la impunidad informativa.
Gobernar es fijar prioridades. Y la prioridad de este Gobierno es la seguridad y la reconstrucción de Santa Fe, no alimentar el ego de estructuras gremiales que funcionan como apéndices de la oposición más obstructiva.
Estamos viendo el último pataleo de un modelo de periodismo militante que se resiste a aceptar que Santa Fe cambió. No hay ataques a la prensa; hay un Estado que decidió dejar de ser rehén de corporaciones mediáticas. Menos reuniones para pedir privilegios y más trabajo para informar con la verdad: esa debería ser la consigna de quienes dicen representar a los trabajadores de prensa.