El 2 de marzo de 2026 estaba marcado en el calendario como el gran regreso a las aulas en la provincia de Santa Fe. Sin embargo, el inicio del ciclo lectivo se transformó rápidamente en un campo de batalla estadístico. Por un lado, el Gobierno provincial celebra un 98% de escuelas abiertas; por el otro, los gremios docentes aseguran que el acatamiento al paro superó el 70%. En el medio de esta ‘guerra de números’, la realidad de Rosario y la capital santafesina nos mostró un panorama de contrastes profundos. ¿Qué pasó realmente en las escuelas y qué nos dicen estos porcentajes sobre el estado actual de nuestra educación?
El factor humano detrás de la estadística
Reducir el inicio del ciclo lectivo a una simple planilla de asistencia o a un cálculo de porcentajes es, como mínimo, quedarse con la mitad de la historia. Cuando el debate público se centra exclusivamente en si las escuelas abrieron en un 98% o si el acatamiento fue del 70%, perdemos de vista el clima emocional con el que docentes y alumnos regresan a las aulas.
Tanto las declaraciones juradas y el riesgo de perder el plus por “Asistencia Perfecta” ha persuadido a muchos educadores a asistir a sus puestos de trabajo atravesados por la tensión y el malestar. Un aula no es solo un espacio físico con pupitres ocupados; es un ecosistema de aprendizaje. Cuando el docente, que es el facilitador de ese espacio, llega presionado por factores económicos y un diálogo cortado, la calidad del vínculo pedagógico inevitablemente se resiente.
La verdadera educación requiere de habilidades blandas: empatía, escucha activa y contención, tanto de los maestros hacia los alumnos como del sistema hacia sus educadores. La “guerra de números” y la polarización entre el Gobierno y los gremios (Amsafe, Sadop) instalan una lógica de confrontación que poco aporta al desarrollo educativo. Para que el ciclo lectivo no sea solo un edificio abierto, sino un espacio de crecimiento real, es urgente pasar de la imposición matemática a un diálogo que reconozca el valor y la complejidad del trabajo docente en la provincia.
La delgada línea entre el reclamo legítimo y la trinchera política
Es innegable que el reclamo salarial de los docentes tiene bases reales y urgentes: la pérdida del poder adquisitivo es un problema tangible que debe ser atendido. Sin embargo, al observar la dinámica de este inicio de clases, resulta indispensable cuestionar el accionar de las cúpulas gremiales.
Existe una preocupante tendencia a politizar un debate que debería ser estrictamente educativo y laboral. La intransigencia en las mesas de negociación y la rápida escalada hacia el conflicto directo parecen responder menos a la defensa genuina de los maestros y más a una estrategia de desgaste institucional. Cuando la postura sindical se vuelve sistemáticamente combativa, queda la sensación de que el objetivo de fondo no es alcanzar un acuerdo superador, sino confrontar y debilitar a un gobierno provincial simplemente porque no comparte su mismo signo ideológico.
Convertir el sistema educativo en un escenario de oposición partidaria desvirtúa la legitimidad del reclamo original. Si los gremios eligen priorizar la trinchera política por sobre la búsqueda real de consensos, el diálogo se vuelve imposible. Y en esa “guerra” de desgaste y números cruzados, los que terminan pagando el costo más alto no son los dirigentes de uno u otro lado, sino los alumnos, las familias y el futuro de nuestra provincia.