La herejía de decir la verdad antes de tiempo

Paritaria Docente en Santa Fe.
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Nadie quiere escuchar que “no hay plata” antes de sentarse a negociar. Es antipático, es duro y genera ruido.

Pero si ponemos esta situación bajo la lupa, quitándonos el cassette de la corrección política, lo que vemos en José Goity no es a un provocador, sino a un funcionario que comete el pecado capital de la política argentina: tratar a la ciudadanía (y a los docentes) como adultos.

Se acusa al ministro de “marcar la cancha” y “bajar expectativas”. ¿Cuál era la alternativa? ¿Esperar a febrero, compartir el café con facturas, sonreír para la foto y recién ahí decir que las cuentas no cierran? Eso hubiera sido teatro, no política.

Goity hace lo que pocos se animan: poner la realidad económica sobre la mesa antes que el show paritario. Si la macroeconomía nacional está frenada y la recaudación cae, la provincia no puede inventar recursos.

Es preferible un ministro antipático que cuida la caja pública a uno simpático que firma cheques que la provincia no puede pagar.

Para un sector del gremialismo, el conflicto es el estado natural, independientemente de los números.

Al anticipar el escenario de escasez, Goity expone esta dinámica. Desactiva el “efecto sorpresa” y obliga a discutir sobre datos reales, no sobre deseos. Si los gremios deciden ir al paro preventivo porque no les gusta la realidad económica del país, quedará claro que el problema excede a la gestión provincial.

Que Goity fije como prioridad que los chicos terminen tercer grado sabiendo leer y escribir no es un “escudo ético”, es recordar para qué existe el sistema educativo. Es valiente plantear que, incluso en la crisis, el foco no puede salir de los estudiantes.

La valentía de la mala noticia Es fácil hacer política prometiendo lo que no se tiene. Lo difícil es administrar la escasez dando la cara. Goity eligió el camino difícil: ser el portador de las malas noticias económicas antes de que empiece el ciclo lectivo.

Podrá caer mal, podrá generar bronca en las redes, pero inaugura una etapa de realismo necesario en la relación entre el Estado y sus trabajadores. Quizás, por primera vez en mucho tiempo, la paritaria empiece sin mentiras piadosas sobre la mesa. Y eso, en la Argentina de hoy, es casi revolucionario.

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