Las declaraciones del diputado Nicolás Mayoraz deja varias definiciones contundentes que, a primera vista, suenan música para los oídos de un electorado cansado del gasto político. Sus críticas al “apuro” del oficialismo, al poder enquistado de ciertos senadores (a los que llama “Papá Noel” repartidores de cheques) y a la desproporción presupuestaria de la Legislatura santafesina en comparación con Córdoba, se basan en datos que son, en gran medida, ciertos e incómodos.
Sin embargo, si ponemos bajo la lupa la solución mágica que La Libertad Avanza (LLA) propone para estos males —la unicameralidad—, nos encontramos con una visión contable de la democracia que amenaza con generar un daño institucional profundo a la provincia de Santa Fe.
Mayoraz acierta en el diagnóstico de los síntomas, pero se equivoca peligrosamente en el remedio.
1. El peligro del centralismo demográfico El argumento central de LLA es que una cámara única es “más eficiente y más barata”. Es una verdad a medias. Es más barata, sin duda. Pero la eficiencia en una democracia no se mide solo por el costo operativo, sino por la calidad de la representación.
Santa Fe tiene una realidad geográfica y productiva compleja. No es lo mismo el departamento Rosario que el departamento 9 de Julio. El sistema bicameral, con todos sus vicios actuales, tiene una razón de ser: la Cámara de Diputados representa a la población (donde lógicamente pesan más las grandes urbes), y el Senado representa al territorio (dando voz a los departamentos con menos habitantes pero con intereses específicos).
La propuesta de Mayoraz de una unicameralidad —incluso con un sistema mixto como desliza— corre el riesgo cierto de entregar el poder legislativo de la provincia a los grandes conglomerados urbanos (Rosario y Santa Fe capital), silenciando las voces del interior productivo, la ruralidad y los pequeños pueblos. En una provincia tan extensa y diversa, reducir la representación territorial en el altar del “ahorro fiscal” es un pésimo negocio a largo plazo.
2. ¿Combatir la “casta” o eliminar los contrapesos? Mayoraz ataca al Senado como el refugio de la “casta”. Es cierto que la Cámara Alta santafesina ha funcionado muchas veces como un club de poder feudal, con manejo discrecional de subsidios y fueros casi vitalicios. Eso debe reformarse urgente.
Pero la solución a un Senado que funciona mal no es eliminar el Senado; es reformar sus reglas de juego (limitar reelecciones, transparentar gastos, eliminar fueros anacrónicos). La propuesta libertaria de eliminar una cámara entera bajo la excusa de combatir a la casta es, en realidad, la eliminación de un contrapeso institucional clave.
Un sistema unicameral suele ser más permeable a las mayorías circunstanciales del Ejecutivo de turno. Si hoy Pullaro tuviera una sola cámara con su actual mayoría, su poder sería prácticamente absoluto. El bicameralismo, aún con sus defectos, obliga a una doble lectura y a una negociación más compleja que protege a las minorías.
3. El plebiscito como táctica dilatoria Finalmente, la propuesta de Mayoraz de exigir un plebiscito para la nueva Constitución y la crítica a los errores procedimentales del oficialismo revelan una debilidad política de LLA en la Convención. Sabiéndose en minoría numérica para imponer la unicameralidad en el recinto, buscan patear el tablero y llevar la discusión a la calle, donde el discurso antipolítica rinde más.
Conclusión: Cirugía mayor, no amputación Es saludable que Mayoraz ponga sobre la mesa los costos obscenos de la Legislatura y los vicios del Senado. El oficialismo de Unidos no puede hacerse el distraído ante esas verdades.
Pero cuidado con comprar soluciones simplistas para problemas complejos. Santa Fe necesita una reforma que modernice sus instituciones y baje el gasto superfluo, sí. Pero no necesita una “motosierra” que, por cortar un gasto, termine amputando la representación federal interna de una de las provincias más complejas del país. La discusión debe ser cómo mejorar la representación, no simplemente cómo abaratarla.