Si existe una tensión entre Maximiliano Pullaro y la “UCR tradicional” es, precisamente, el motor que lo llevó a romper el techo de cristal del radicalismo en Santa Fe después de décadas de intentos fallidos.
Ese carácter “border” o “random” puede traducirse políticamente como una identidad híbrida. Pullaro no es el típico dirigente de comité que espera el turno por antigüedad; es un cuadro que se formó en la gestión de seguridad —un terreno históricamente esquivo para el progresismo y el radicalismo clásico— y que adoptó una estética y un discurso mucho más pragmáticos.
Algunos puntos clave sobre por qué ese comportamiento “a contrapelo” es su mayor activo, a pesar de las críticas internas:
El fin del “Radicalismo de Buenos Modales”
La UCR tradicional suele ser vista como un partido de procesos lentos, muy apegado a la institucionalidad y, a veces, algo conservador en las formas. Pullaro rompe esto con:
Hiperactividad: Un ritmo de gestión que descoloca a la burocracia.
Confrontación directa: Especialmente con el narcotráfico y sectores del Poder Judicial, algo que a los sectores más “conservadores” del partido les genera vértigo
Pragmatismo vs. Doctrina
Mientras que los opositores (y algunos correligionarios) le reclaman apegarse a las formas históricas del partido, él entiende que para gobernar una provincia compleja como Santa Fe necesita:
Alianzas heterodoxas: Logró amalgamar desde el socialismo hasta sectores del PRO en “Unidos para Cambiar Santa Fe”.
Discurso de “mano dura”: Un lenguaje que conecta más con el electorado de centro-derecha que con el “alfonsinismo” romántico de los 80.
El factor “Desafío a los Límites”
Ese componente que llamamos “random” es lo que le permite salir de la caja. Por ejemplo:
La implementación de protocolos de seguridad estrictos en las cárceles.
Su postura frente al Gobierno Nacional, donde oscila entre el apoyo institucional y el reclamo firme por los recursos provinciales, sin quedar atrapado en la grieta tradicional.
En resumen
Para la UCR tradicional, Pullaro es un “incómodo”. Sin embargo, esa misma incomodidad es la que le permitió ganar la provincia: dejó de hablarle solo al partido para hablarle a una sociedad santafesina que pedía orden, aunque eso significara saltarse algunas páginas del manual radical.
Es interesante notar cómo esa “marginalidad” dentro de la estructura clásica terminó siendo el centro del nuevo poder provincial.
¿Por qué Maximiliano Pullaro se mueve como lo hace hoy? Para entender el “ADN” de su gestión actual, exploremos cómo su paso por el Ministerio de Seguridad moldeó su perfil político.
Ese período no fue solo un cargo administrativo; fue su prueba de fuego y el origen de su narrativa de “gestión 24/7”. Aquí hay tres puntos clave:
¿Por qué su etapa como Ministro es crucial?
El “Cuartel de Operaciones”: Pullaro trasladó la intensidad del Ministerio de Seguridad a la Gobernación. Esa lógica de control directo y presencia territorial constante viene de sus años persiguiendo bandas narco y lidiando con la policía.
La construcción de autoridad: Fue el cargo que le permitió diferenciarse de la “política de café”. Su perfil de ejecutor se forjó ahí, permitiéndole hoy hablar con una legitimidad que otros dirigentes del frente no tienen en temas críticos.
El costo político y personal: Esa gestión lo dejó en la mira de muchos sectores (incluyendo las escuchas judiciales y las amenazas), lo que explica su actual obsesión con la seguridad propia y del Estado como una cuestión de supervivencia política.
Esa experiencia le dio las herramientas para “disciplinar” la interna de su coalición o sus cruces con la vieja guardia, que muchas veces lo veía como un “outsider” demasiado disruptivo para los códigos tradicionales del radicalismo santafesino.