No es novedad, pero no por eso deja de ser indignante. La oposición que está enfrentando el gobierno de Maximiliano Pullaro en Santa Fe viene a confirmar una vieja regla no escrita de la política argentina: a la derecha conservadora y a la “izquierda de juguete” les genera una profunda alergia que un gobierno democrático, progresista y no peronista demuestre que se puede gestionar bien.
Parece que para estos sectores, si el gobierno no es de su color político, automáticamente pasa a ser “no funcional”. Y qué casualidad… esto siempre le ocurre a las gestiones que no llevan la bandera del peronismo.
El mito de la gobernabilidad
Durante décadas nos quisieron convencer de que en Argentina “solo el peronismo puede gobernar”. Para sostener ese relato, necesitan que a los demás les vaya mal. Por eso, cuando asume un gobierno como el de Santa Fe, que busca ordenar las cuentas, enfrentar problemas estructurales y proponer un camino de trabajo real, la maquinaria del bloqueo se pone en marcha.
Los extremos se tocan
Resulta casi cómico ver cómo sectores que en los discursos dicen estar en las antípodas ideológicas, terminan votando igual, oponiéndose a las mismas medidas y utilizando las mismas chicanas.
La “derecha conservadora”: Se opone porque no soporta que un Estado eficiente e inteligente regule y marque la cancha para proteger a los ciudadanos, prefiriendo siempre el “sálvese quien pueda”.
La “izquierda de juguete”: Grita desde la tribuna, pero a la hora de la verdad, sus posturas intransigentes terminan siendo total y absolutamente funcionales al peronismo tradicional que tanto dicen combatir.
Santa Fe como caso testigo
Lo que molesta del gobierno de Pullaro no son sus errores, sino sus aciertos. Incomoda que se demuestre autoridad, que se tomen decisiones difíciles y que se intente salir del estancamiento sin recurrir a la demagogia.
La próxima vez que escuches a estos sectores criticar con tanta dureza, preguntate: ¿están defendiendo sus ideales o simplemente están cuidando el negocio de que nada cambie?