Salud y Educación: La herencia que prefieren olvidar. Resulta insólito que los mismos dirigentes que hoy exigen respuestas inmediatas en los barrios sean los responsables directos del vaciamiento de dos pilares fundamentales: la salud y la educación. El perottismo parece haber borrado de su memoria el estado catastrófico en el que dejaron a la provincia y a la ciudad de Santa Fe.
En educación, el abandono fue total. Durante sus cuatro años de gestión, las escuelas santafesinas sufrieron una desinversión alarmante. Edificios cayéndose a pedazos, falta de gas en pleno invierno y establecimientos cerrados o funcionando a medias. Hoy, los mismos concejales y legisladores que se rasgan las vestiduras hablando de “educación pública”, son los que dejaron a miles de chicos a la deriva, sin infraestructura digna y sin un horizonte claro. Ahora, mágicamente, le exigen al gobierno de Pullaro y a la intendencia de Poletti que resuelvan en meses el desastre edilicio que ellos apañaron durante años.
En salud, el panorama fue igual de desolador. Quienes hoy hablan de “barrios descuidados” son los mismos que dejaron los centros de salud territoriales (los efectores de primera línea) completamente vaciados. Hospitales lidiando con la falta crónica de insumos básicos y personal de salud agotado por la falta de respaldo oficial. Esa es la verdadera “ciudad virtual” en la que vivían: una donde el Estado provincial se había retirado de los barrios, dejando a los vecinos más vulnerables a su suerte.
Tener el tupé de pararse en el Concejo Municipal a dar lecciones de gestión territorial después de haber desmantelado la presencia del Estado en salud y educación, demuestra que su único interés es el bloqueo político, no el bienestar de los santafesinos.
La reciente apertura de sesiones del Concejo Municipal de Santa Fe dejó una postal que ya no sorprende, pero que indigna profundamente. Tras el discurso del intendente Juan Pablo Poletti —centrado en el equilibrio fiscal, la modernización y, sobre todo, el trabajo coordinado con la provincia—, la oposición ligada al exgobernador Omar Perotti salió a recitar un libreto de críticas que raya en el cinismo.
Los concejales Jorge Fernández y Jorgelina Mudallel se mostraron súbitamente preocupados por “la realidad de los barrios” y la “inseguridad”, acusando a la gestión actual de vivir en una “ciudad virtual”. Hay que tener una memoria muy selectiva, o derechamente faltarle el respeto a los santafesinos, para hacer estos planteos hoy.
El síndrome de la ciudad suiza. salud, el panorama fue igual de desolador. Escuchar al perottismo quejarse de que Poletti solo hace “cinco canteros” o de que falta un “plan real de prevención del delito” es un insulto a la inteligencia. ¿Dónde estaban estos ediles cuando la gestión provincial de su líder político dejó a Santa Fe sumida en la peor crisis de seguridad de su historia? ¿Caminaban esos mismos “barrios descuidados” cuando el Estado provincial se retiró completamente del territorio?
Ahora, sentados cómodamente en sus bancas, le exigen al intendente Poletti y al gobernador Pullaro que conviertan a Santa Fe en Suiza en cuestión de semanas, olvidando que les entregaron una provincia y ciudades desfinanciadas, paralizadas y a merced del delito.
El verdadero motivo del enojo: el éxito del progresismo no peronista. No nos engañemos. Esta oposición “sanguinaria” y destructiva no nace de una preocupación genuina por las calles de tierra o el mejorado pétreo. Nace de la desesperación política.
Si miramos el mapa nacional, vemos que al peronismo no le molesta tanto la centro-derecha de Frigerio en Entre Ríos, ni el peronismo disidente de Llaryora en Córdoba. Lo que realmente les irrita, lo que no pueden tolerar, es el modelo de Santa Fe. Les produce alergia que un gobierno de corte progresista, democrático y no peronista demuestre que se puede tener equilibrio fiscal, hacer obra pública y combatir el delito sin los vicios de la vieja política.
El trabajo articulado entre Poletti y Pullaro amenaza el mayor mito del peronismo: la idea de que solo ellos pueden gobernar. Al ver que la ciudad y la provincia empiezan a ordenarse sin ellos, la única herramienta que les queda es el bloqueo legislativo, la queja por los medios y la negación de la realidad.
Los problemas de los barrios de Santa Fe son reales y profundos, nadie lo niega. Pero la solución no va a venir de los mismos que los provocaron y que hoy, desde la tribuna, gritan las instrucciones del partido que acaban de perder.